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miércoles, 24 de noviembre de 2010

Rothko

Marck Rothko (Marcus Rothkowitz), fue un pintor nacido en Rusia que emigró muy joven a Estados Unidos, donde formó parte de la llamada escuela de Nueva York... y desde donde cambió nuestro modo de ver el arte.
"Cuando era joven el arte era una práctica solitaria: no había galerías ni coleccionistas ni críticos ni dinero. Sin embargo, era una edad de oro, pues no teníamos nada que perder y sí toda una visión que ganar. Hoy ya no es lo mismo. Es una época de una inmensa abundancia de actividad y de consumo. No me atrevo a aventurar cuál de las dos circunstancias sea mejor para el arte. Sin embargo, si sé que muchos de los que se ven impelidos a este modo de vida buscan desesperadamente bolsas de silencio en que arraigar y crecer. Todos esperamos que las encuentren."
Efectivamente, en esos últimos años de su vida, el mundo le consideraba a él, revolucionario, otro "viejo con valores". ¡Cómo era posible! Él que nunca llevó bien la fama ¡cómo vender sus cuadros a un restaurante para que "cerdos burgueses" comieran delante de ellos!, que se mantuvo en silencio, “No hay nada más preciso que el silencio. ¡Qué hace un artista visual hablando de su obra!”, decidió finalmente dar una conferencia dando los “ingredientes de una obra de arte”:

1. Debe existir una intensa preocupación por la muerte. 
2. Lo sensual es el fundamento de nuestro ser concreto en el mundo. Obramos por la materia. 
3. La tensión, el conflicto. La creación no es fácil. 
4. La ironía. Un ingrediente moderno, el acto de autonegación y autoexamen, por el que un hombre puede superar el instante y pasar a otra cosa. 
5. Ingenio y juego. El hombre jugando con las formas. 
6. Lo efímero y el azar, el elemento humano. 
7. La esperanza. Un diez por ciento del peso, para hacer más soportable el concepto trágico.

Con todo, nunca se perdió ni se perderá el espíritu que provocó un cambio generacional, de las vanguardias al arte contemporáneo, y que se ve latir en está carta que escribió junto con Adloph Gottlieb al editor del New York Times:

[...] No pretendemos defender nuestros cuadros. Ya se defienden ellos solos. Los consideramos declaraciones en sí mismos. Su incapacidad de rechazarlos o menospreciarlos es la prueba evidente del poder comunicativo que contienen. [...] 
[...]No existe ningún texto capaz de explicar nuestros cuadros. Su explicación debe surgir de la experiencia que se consuma entre el cuadro y el espectador. La apreciación del arte consiste en un matrimonio de mentes. Y en el arte, al igual que en el matrimonio, la falta de consumación es causa de nulidad. 
Lo importante, a nuestro parecer, no es la explicación de los cuadros, sino el que las ideas intrínsecas contenidas dentro de los marcos de dichos cuadros tenga algún significado. 
Sentimos que nuestros cuadros manifiestan nuestras creencias estéticas, de entre las cuales enumeramos: 
1 - El arte, es para nosotros, una aventura hacia un mundo desconocido, que solo puede ser explorado por aquellos que estén dispuestos a asumir riesgos. 
2 - Tal mundo imaginario es libre y se opone violentamente al sentido común. 
3 - Nuestra función como artistas es hacer que el espectador vea el mundo a nuestro modo, no al suyo propio. 
 
4 - Estamos a favor de la expresión simple del pensamiento complejo. También estamos a favor de los formatos grandes porque poseen el impacto de lo inequívoco. Deseamos reafirmar el plano pictórico. Estamos a favor de las formas planas porque destruyen la ilusión y revelan la verdad. 
5 - Esta comúnmente aceptado entre los pintores el que no importe lo que se pinte siempre y cuando esté bien pintado. Esta es la esencia del academicismo. No existe ningún cuadro de valor que no trate nada. Reafirmamos que el tema resulta crucial y que solo tiene valor aquel tema que sea trágico e intemporal. Por ello profesamos una afinidad espiritual con el arte primitivo y arcaico. 
Como consecuencia, si nuestro trabajo plasma estas creencias, ofenderá a cualquiera que se sienta espiritualmente afín a la decoración de interiores; a los cuadros para el hogar, a los cuadros para encima de la repisa, a los cuadros de paisajes americanos, a los cuadros sociales, a la pureza en el arte, a las obras mediocres ganadoras de premios, a la National Academy, a la Whitney Academy, a la Corn Belt Academy, a las castañas; a las tonterías trilladas, etc.[...] 

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martes, 3 de febrero de 2009

Prólogo al Retrato de Dorian Grey

Esteticismo. El arte por el arte sobre todas las cosas. Esa corriente victoriana queda ejemplarmente reflejada en lo siguientes aforismos. Y aunque hay un par con los que no estoy de acuerdo (los marcaré con un "*"), el resto me parecen tan ciertos como puede llegar a serlo un verso, y dignos de ser portados en un estandarte, al menos en mi caso. Disfrutadlos.

El artista es el creador de las cosas bellas.

Revelar el arte y ocultar al artista es la meta del arte.
El crítico es el hombre que puede interpretar de una u otra forma su impresión de las cosas bellas.

Tanto más elevada como la más baja forma de crítica son una forma de autobiografía.

Los que dan un significado feo a las cosas bellas son personas defectuosas, corruptos sin encanto. Ésa es su falta.

Los que dan un significado bello a las cosas bellas tienen una personalidad cultivada. Para ellos hay esperanza.

Existen los elegidos para quienes las cosas bellas significan sólo belleza.

No hay libros morales ni libros inmorales. *

Los libros están bien escritos o están mal escritos. Eso es todo.

La aversión del siglo XIX al realismo es la rabia de Calibán al ver su rostro en el espejo.

La aversión del siglo XIX al romanticismo es la rabia de Calibán al no ver su rostro en el espejo.

La vida moral del hombre forma parte de los temas que trata el artista, pero la moralidad del arte consiste en el uso perfecto de un medio imperfecto. Ningún artista desea probar nada. Todas las cosas que son ciertas pueden probarse.

Ningún artista tiene simpatías éticas. Una simpatía ética en un artista es un imperdonable amaneramiento de estilo.

Ningún artista es morboso. El artista puede expresarlo todo. *

El pensamiento y la palabra son para el artista instrumentos del arte.

El vicio y la virtud son para el artista los materiales del arte.

Desde el punto de vista de la forma, el oficio modelo es el de músico.

Desde el punto de vista del sentimiento, el oficio modelo es el de actor.

Todo arte es a un tiempo superficial y símbólico. Los que buscan bajo la superficie lo hacen a su propio riesgo. Los que intentan comprender sólo lo simbólico, también lo hacen a su propio riesgo. Es al espectador, y no a la vida, a quien refleja realmente el arte.

La diversidad de opiniones sobre una obra de arte demuestra que la obra es nueva, compleja y vital.

Cuando los críticos difieren, el artista está en armonía consigo mismo.

Podemos perdonar a un hombre por hacer algo útil siempre que no lo admire. La única excusa para hacer algo inútil es que uno lo admire intensamente.

Todo arte es completamente inútil.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Ghost in the Shell

Sencillamente siempre he querido subir este vídeo de una serie que me marcó y recomiendo vivamente...

Y de paso para ir abriendo boca...



P.D.: Para quienes quieran entender por qué el opening de una serie de ciencia ficción futurista es para "ir abriendo boca", lea por favor la entrada XXI, y la conversación posterior.

lunes, 10 de noviembre de 2008

XXI

A veces, hay tantas cosas que escribir que no se sabe por donde empezar. Hace más de una semana que explotó la bomba en la universidad, pero aún se notan sus efectos. Yo, al menos, sigo convaleciente de la intoxicación que sufrimos el miércoles pasado a causa de unos gases retenidos después del incendio (a causa, al parecer, de ciertas sustancias que había en la propia bomba).

No me gusta la política, ni mucho menos la prosa sin literatura, pero creo que por una vez voy a hacer una excepción para escribir sobre todo lo que he estado reflexionando. Algo va mal, rematadamente mal. No sé si es por la misma democracia que mató a Sócrates, o porque todavía no hemos aprendido a utilizarla bien. No hay un modelo ideal, pero están en nuestras manos mejorar en la medida de lo posible el que tenemos. No quiero decir que el terrorismo sea un error de la democracia, ni mucho menos. Pero sí que lo jóvenes de ahora dejamos pasar la vida sin darnos cuenta, entre televisión, ordenador, y juerga. No nos importa demasiado la política porque no tiene nada que aportarnos.

Y tal vez por eso tenga que explotar una bomba para recordarnos que la política no es simplemente ese juego de ideologías que se ha venido desarrollando en los últimos tiempos. Para los antiguos griegos, era la ciencia para organizar una buena sociedad, como lo es la ética para una buena vida. Cada época tiene sus movimientos y pensamiento propios, y los únicos capaces de crearlos y sacarlos adelante son aquellos que viven en esa misma época. Por eso, los jóvenes de ahora tenemos en nuestras manos cómo sea la sociedad del futuro. Nadie dijo que fuera fácil, o que se pudiera lograr la perfección. Lo que es seguro es que no podremos hacer nada tirados en el sillón.

Durante el último siglo, tal vez, algo más, dos grandes ideologías se han ido pasando la pelota de la sociedad, mal resumidas es derecha e izquierda. Cada una de ellas cumplió su función en su momento, buenas, y desvelaron sus horrores en sus extremos, ambos. Sin embargo, ahora sólo son dos idearios desfasados que sólo sirven para ser arrojados los unos contra los otros. Sus militantes se aferran a ellos como a un estandarte sin tener en cuenta que su lucha ya no vale su guerra.

La modernidad en la que se gestaron ha cambiado radicalmente, el mundo que conocemos nosotros no es el mismo de nuestros padres o abuelos, y en esta generación, esto es especialmente patente. Estamos en una época de crisis, no económica, sino ideológica, porque no hemos sabido adaptar los viejos modos de pensar a nuestra nueva dinámica de vida. Hemos perdido todos nuestros valores por el camino. (Tal vez por eso tienen en parte un nuevo sentido fenómenos como las tribus urbanas). Es necesaria una renovación, algo realmente nuevo que comience de cero y olvide por fin el viejo mundo bipolar. Una anideología. Sobre su contenido, aún queda mucho por andar, pero algo es seguro, es hora de levantarnos y recordar quiénes somos, y qué libertad tenemos derecho a soñar.

domingo, 26 de octubre de 2008

Blue



I've gotta save myself from that gloomy me.


That one wich is so happy in the golden autum.

In the silver nights.



Tengo un libretita roja en la que escribo frases que me vienen a la cabeza y dibujo manos, ojos, trozos de edificios... trato de llevarla siempre, para que no se me olviden las cosas. Lo malo es que, en general, nos las seguimos arreglando para no coincidir.

viernes, 17 de octubre de 2008

El artista reconoce al artista.

Escribo esto en respuesta a una entrada de blog que me llamó mucho la atención, incluida la conversación que se fraguó después de él. Por ello, espero que leáis este texto después de haber entrado en el link.

¿Necesita el escritor vivir en la tragedia? Mejor dicho, como se puntualizó después, ¿el artista? (Pintores, poetas, añado, bailarinas, músicos...) Todos ellos expresan lo mismo de distintas maneras, pero podemos englobarlos a todos continuando con el ejemplo del escritor. Se dijo que aman la tragedia porque les da algo sobre lo que escribir (pintar, versar, bailar, componer, interpretar), en definitiva, algo que expresar, que transmitir.

Las respuestas, los han relacionado con los emo (a diferencia de una tribu urbana, esto es tan viejo como el mundo), han animado a vivir la realidad y sacar lo mejor de ella, han hablado de la felicidad, de esas cosas maravillosas, sobre las que escribir, han hablado de tantas cosas escritas por muy distintas personas, sin tragedia. Han hablado de lo que el dolor puede sacar, y de la paz que se puede encontrar, como animando a la autora a no caer en su propia tragedia, como si, al argumentar su propio pensamiento, también la animaran a buscar su propio equilibrio, dando la razón en un “hay algunos, pero busquemos la chispa de la vida”... como sí “fuese una opción”. ¿Ser artista es una opción?

Para bien o para mal, me considero una de esas personas que viven arte. Soy bailarina y escritora, pero también dibujante, coreógrafa, pintora, compositora, lo que se me ponga por delante. Artista y punto. No he dicho que sea buena. Sólo que no puedo vivir sin ello. La autora del texto original hizo una importante distinción (que se puede aplicar a todos los campos del arte) entre una persona que escribe bien, y un escritor (aparte quedan los escritores académicos). Es quien lo necesita más que el amor, como su propia supervivencia.

Y aquí he de contestar por fin. No es la tragedia en sí misma lo que busca el artista. Hay que tratar de ser feliz, y buscar, ya lo han dicho, la chispa en todo. Me consideran una persona positiva y, no me tiro flores, es cierto. Pero el artista, el de verdad, sin buscarlo, vivirá en la tragedia. No necesariamente será infeliz, o con una vida desequilibrada. Pero le será muy fácil, porque en ella busca parte de esa felicidad inalcanzable, al menos en esta vida.

¿Qué les ocurre a los artistas? Han cometido el craso error de iniciar la senda de la búsqueda de la Belleza. (Son como los filósofos con la Verdad, pero con otra sensibidad.) Tomo una cita: Así, sólo disfrutan del dulce regusto de la tragedia deseada. Del amor avocado al fracaso. El amor al arte que nunca será consumado y nunca será bastante. (...)Los ARTISTAS aman a su arte por encima de todo y de todos, y eso es algo que les provoca el cierto sufrimiento de la incomprensión. Aman algo tan sublime como lejano, inalcanzable. Y su felicidad está en buscarlo, como un amante despechado. Su camino está condenado a la frustración, y al mismo tiempo es el que más los satisface, el único que les llena. Tanto, que duele. Aunque sea sólo contemplativo, más si es creativo. Como el Amor.

Por ello, incluso escribir sobre la felicidad implica angustia, porque es algo enorme que no se puede abarcar con tus pobres palabras, pero no puedes dejar de intentarlo, de buscar la completa unión. Si al escribir, sea sobre la tragedia o sobre la felicidad, no te duele el pecho, será una persona que escribe, pero o un artista. Pero esa angustia es menor que la del vacío, cuando, por una razón o por otra no has podido pararte a escribir, cantar, bailar, dibujar..., o contemplar. Su ausencia es tan terrible como esa enfermedad que llaman depresión. Sólo que tiene fácil cura. O una media cura, por que cambias sufrimiento por el dulce regusto de la tragedia deseada. El sufrimiento vital, inspira, la felicidad, cuando pasa la euforia, también. Pero la vida siempre tiene ambas juntas, un amplio matiz de grises, y el artista nunca podrá concentrarse en un solo color.

Nunca será feliz del todo, incluso aunque se acerque lo más posible a eso que en filosofía llaman vida lograda. En realidad nadie será completamente feliz. Sólo que el artista lo sabe mejor que nadie, porque lo siente profundamente... Por eso, tal vez más lejos de la realidad que el resto, en su tragedia..., está más cercano a la vida en todos sus matices, y es más feliz que nadie con su don, o su maldición.
Para Eterna-Kyo-Actriz-Bailaora-Escritora-...
De The_Jolly_Joker-Tooru-Bailarina-Actriz-Escritora-...

viernes, 10 de octubre de 2008

The Cheshire Cat


Chesire Cat, o Gato Risón, como nos lo tradujo el gigante Disney. Ese gran gato rayado de sonrisa inquietante que nació del genio de Lewis Carroll. Siendo el único que escucha a la pobre Alicia, le muestra, con lógica irrefutable, que las cosas muchas veces son más sencillas de lo que parecen... y le muestra también... que la lógica, compinchada con el lenguaje, puede hacer evidente hasta lo imposible.



Al ver a Alicia, el gato mostró su amplia sonrisa... "¡Este gato esta siempre de buen humor!", pensó la niña... Pero, al ver sus afiladas garras y su larga hilera de dientes, pensó que no estaría de más guardar las distancias.

- Minino de Chesire -comenzó a decir Alicia de forma algo tímida, porque no sabía muy bien si le iba a gustar el nombre que le había dado... El gato extendió aún más su sonrisa.

"Parece que le ha gustado", pensó Alicia y continuó en voz alta:

-¿Podría usted indicarme, por favor, la dirección que debo seguir?
- Eso depende -le contestó el Gato- de a donde quieras ir.
- No me importa el lugar... -dijo Alicia.
- En ese caso - le contestó el Gato- tampoco importa la dirección que tomes.
- ... adonde me dirijo -continuó Alicia-, ¡con tal de llegar a algún lado!
- ¡Eso es fácil! -le contestó el Gato- ¡No tienes más que seguir andando!

¿Cómo negar la lógica aplastante de las palabras del Gato? Alicia prefirió cambiar de tercio:

- ¿Qué clase de personas viven aquí?
- En esa dirección -dijo el Gato, indicando con su pata derecha- vive un Sombrerero, y en esa otra -dijo señalando con la otra pata- vive una Liebre de Marzo... Puedes visitar a quien gustes..., ¡los dos están igual de locos!
- Pero si yo no quiero estar entre locos... -objetó la niña.
- Eso es algo que no puedes remediar -le contestó el Gato-, porque aquí... ¡todos lo estamos! ¡Yo lo estoy...! ¡Y tú también lo estás!
- ¿Cómo sabe que estoy loca? - le preguntó la niña.
- Tienes que estarlo -le dijo el Gato-, porque de lo contrario... ¡no estarías aquí!

Alicia no creía que eso fuera una prueba irrefutable, pero decidió pasarlo por alto y siguió preguntando:

- ¿Y cómo podría probarme que está usted loco?
- ¡Eso es fácil! -le comentó el Gato-. Comencemos. Premisa mayor. El perro no es un animal loco. ¿Estás de acuerdo?
- Supongo que sí -dijo Alicia.
- Bien. Premisa menor. El perro gruñe cuando está enfadado y mueve la cola cuando está contento. Yo hago justamente lo contrario. Muevo el rabo cuando estoy enfadado y gruño cuando estoy contento. Luego... ¡yo estoy loco!

(...)

¡Y hágame el favor de no aparecer y desaparecer de forma tan súbita! ¡Me está usted mareando!
- ¡Cómo gustes! -le dijo el Gato.

Y en esta ocasión se esfumó muy lentamente, empezando por el extremo de la cola y acabando por la sonrisa de su boca, que permaneció flotando en el aire cuando ya el resto del cuerpo había desaparecido.


sábado, 7 de junio de 2008

Esferas

El proyecto de un grupo de música siempre me ha llamado la atención. Realmente me extasía escuchar música, y entonces siento un enorme impulso de componer la mía propia, de escribir y cantar. Un triste detalle es que generalmente oyes muchos estilos de música, pero sólo puedes interpretar uno si quieres tener cierta coherencia comercial. ¡Qué rabia depender de eso! Pero si hiciera mi propio grupo, tal vez soy demasiado idealista, no sabría, o no querría ceñirme a ello. Haría exactamente la música que me gustaría escuchar, y aunque no fuera fácilmente clasificable, tendría una coherencia propia. Desgraciadamente, este proyecto, por diversas circunstancias, nunca ha salido adelante. Es una dolorosa falta, pero ya ahora estoy estudiando, bailando, escribiendo y dibujando. Por el momento, no da la vida.

Pero en definitiva, es todo lo mismo. Para un alma sensible, hiere lo mismo una bella canción que un hermoso relato. Y se inflama igual el deseo de crear ante una estatua que ante un ballet. ¿Por qué al artista le inspira el arte mismo, por qué no se conforma con la contemplación? ¿Por qué sobre un cuadro escribe un poema, y sobre un poema una canción? Al final el campo es lo de menos, el arte es arte, y punto. Por eso puedo hacer extensible lo que dije antes: “hacer la música que te gustaría escuchar”.

Es lo que hago en otros estilos. Escribo lo que me gustaría leer, dibujo lo que me gustaría mirar, bailo lo que me gustaría transmitir (con la danza es un poco distinto, porque pocas coreografías son propias por ahora, soy más bien una intérprete). Y bajo esa premisa nace cada vez algo diferente. Por eso los relatos y los dibujos son obras completas, redondas, susceptibles de ser perfeccionadas, por supuesto, pero sólo hasta cierto punto, en la medida en la que se parezcan a sí mismas, a su mensaje original. Al escribir lo que me gustaría leer, el ejemplo más fácil y notorio, al ir añadiendo una palabra, una expresión... se hace sólo, como si yo sólo fuera una intermediaria para añadir algo al mundo, que estaba incompleto sin él. Sin ese relato concreto, sin esa única combinación de pensamientos y sentimientos. Y la próxima vez será completamente distinto, y sólo podré controlarlo un poco, porque si cambiara una sola palabra arbitrariamente, de las que fluyen por sí mismas, perdería su armonía por completo. Otra cosa, repito, es pulirla porque en ocasiones al plasmarlo pierde parecido consigo mismo.

Sé que todo esto suena un poco raro, como si las obras de arte estuvieran esperando en alguna parte a ser traídas al mundo. No es así. Pero el mundo está incompleto, a nuestros ojos, de un modo concreto, cada vez que nos sentamos ante el papel, la partitura... Y lo único que hacemos es responder a esa necesidad imperiosa que nos invade detalle a detalle, como puliendo una esfera. Y cuando la terminamos, el mundo ha cambiado, nosotros también, haremos cosas antes de volver a sentarnos, evolucionaremos... y empezaremos otra esfera nueva. Y cada vez el mundo será más hermoso, pero nunca lo suficiente. Y cada una de esas esferas, será como un niño pequeño, que hay que mimar, cuidar, amar, hasta que alcance su madurez, y después, para que no lo hieran, no lo manchen.

Nunca terminamos una obra, salvo en el preciso momento en el que se nos hizo presente, antes de empezarla. Y no me refiero a modificarla –ojalá no sea necesario, fuera de las correcciones básicas–. Si no a quererla, difundirla, pensarla, entenderla más profundamente, explicarla. Porque adquieren, al nacer, una extraña inefabilidad, incluso para el propio autor, precisamente porque todo lo que se podía decir está ahí mismo. Y están ahí para siempre, vivas sólo cuando se les atiende, y a quien más anhelan, a quien siempre esperarán, es a su propio autor, el único que conoce su sentido completo. Porque escribió lo que querría leer, qué menos que leerlo luego. Aunque en ocasiones sea difícil, terrible incluso, para su pudor. Para los demás será siempre un eterno enigma del que sacar algo nuevo, para el autor, un amor que nunca dejará de inspirarle más. Que puede convertirse en odio, por supuesto. Y muchas veces lo hace. Pero nunca es indiferencia. Por eso, cuando un artista muere, nos deja una antología de misterios. Un poquito tristes ante los varios intérpretes, pero tal vez por eso más maravillosos.




[1]La imagen es de la portada del disco Nigthfall in Middle Earth, de Blind Guardian.

martes, 27 de mayo de 2008

Soledad

La soledad es una situación extraña, en ocasiones desesperadamente deseable y en otras tan perniciosa como un veneno. Sin embargo, tal vez esté tan minusvalorada en algunos casos como exaltada en otros. De qué modo esa soledad puede tanto alienarnos de la humanidad como hacérnosla encontrar en nuestro interior, depende de cada uno y su manera de atender a su alrededor, para luego saber escuchar el silencio.

Me llamó mucho la atención el énfasis que el autor[1] pone en el trabajo en comunidad, en que no es posible la creatividad en soledad. Me sorprendió tanto más en cuanto que, tal y como lo dijo, resultaba provocativamente evidente. Por que curiosamente mi idea era, o es, más bien al contrario. Por mi, he de reconocerlo, breve experiencia vital, los momentos en los que la mente se enciende son cuando, bien recogida en la oscuridad y la soledad, se retrae sobre su propia fuente de recursos interiores y comienza a generar de forma inevitable, de pura excedencia. En estas situaciones el silencio sólo puede ser roto, y a veces, por música muy concreta, no puesta bajito para relajar, sino alta por su propia cualidad inspiradora, aunque no negaré que haya podido caer a veces en la primera y horrible tentación.

Ya sea la producción literaria, en la que ese excedente es de sensibilidad copada de imágenes, como en la filosófica, en la que es necesario antes provocar esa sobrecarga de ideas a partir de las fuentes, esto es, lo que pensaron antes de nosotros, y la propia realidad, de la que lo más rico son con diferencia las personas. Pero necesariamente en soledad. Es más, muchas veces al tratar de escribir en equipo es más fácil acabar haciendo cada uno su parte que acometer la difícil tarea de coordinación que supone tratar de componer un trabajo cualquiera coralmente, donde es sencillo retrasarse mutuamente. 

Pero tal vez sea todo esto una confusión de conceptos. El autor de libro distingue entre soledad y espacio de aislamiento. Si le he entendido bien, la primera es aquella que llama estéril, el vacío de escribir de y para sí mismo. El segundo, el lugar, o más bien la situación, propicia para la concentración. En ese sentido, está en lo cierto, y ambos modos de pensar no son incompatibles. Podríamos identificar su segunda noción con la que yo he expuesto primeramente como soledad, con todas sus posibles variantes personales o interpretativas, y no con la distinta concepción que de ese término él da. Esto sería una solución rápida pero no completa. Por que realmente lo que considero soledad es un punto intermedio entre ambos. 

Es cierto que la labor creativa exige una no-soledad que le da la razón al autor del libro. Es necesaria una comunicación con el exterior de uno mismo, primeramente, para poder llenar el abastecimiento desde donde componer, y después, para que lo que se ha creado tenga un sentido. Por que escribir un libro que nunca ha de ser leído es como gastar la vida en dibujar miles de volutas en folios y folios, hasta la locura, cuando los blancos cabellos del calígrafo ya no le permitan volver atrás. La falta de referencia a la realidad y a los demás, el aislamiento, en ocasiones imperceptible por que tiene su origen en las mentes, es capaz hacer perder al hombre su nativa humanidad. 

Pero también he de defender una cierta soledad, que todos necesitamos a veces por sí misma, unos con más frecuencia que otros, para vaciar nuestro trastero intelectual y psicológico. Siendo cierto que la carrera filosófica, en la actualidad, es publicar, lógica consecuencia de la profesionalidad, también lo es que aquello no es requisito indispensable del pensamiento. Ya que esa comunicación de la que hemos hablado con anterioridad puede ser meramente teórica. Es factible haber leído y escuchado antes, y escribir para una posteridad en abstracto que no tiene ni siquiera por qué esperarse ver. Escribir para uno mismo es la más pura expresión de hacerlo, en realidad, por la propia escritura, sin ninguna clase de intencionalidad o presión externa. Que después ese texto, por su propia naturaleza, saldrá a la luz, es algo tan real e importante cuando lo haga como secundario en su proceso de redacción. En estos caos, la soledad real, que no el absoluto asilamiento social, que por otra parte, es imposible en el ser humano no alienado, es necesaria para la genuina originalidad del académico, que después de haber observado atentamente el mundo exterior debe explorar el interior, precisamente, para que lo que escriba sea universal a todos los espíritus. 

Naturalmente, todo esto depende de la naturaleza de lo que estemos escribiendo. Pero si en algo es rica la vida es en como cada uno se reinventa a sí mismo al componer, una y otra vez. La soledad puede ser, entonces, la más amable situación tanto para el filósofo como para el poeta.


[1] El libro es "El taller de la filosofía" de Jaime Nubiola. Ediciones Astrolabio. EUNSA.

martes, 20 de mayo de 2008

La Noche

Hay quien considera que la noche es motivo de temor, la oscuridad lo negativo. Sin embargo, este maravilloso poema de Rilke muestra lo que yo pienso, o siento, al respecto. Encontrarlo fue como observar mi alma en las páginas de un libro. La noche... es el refugio, la hermosa oscuridad llena de sombras melancólicas y musas etéreas. La noche... donde el silencio canta.


Tú, oscuridad, de la que vengo,
te amo más que a la llama,
que al mundo fija límites
mientras tú esplendes
para un cierto círculo
fuera del que no hay ser que de ti no sepa.

Pero la oscuridad todo en sí alberga:
formas, llamas, animales y a mí,
tal y como quiera que los abrace,
a hombres y potestades.-

Y puede ser: una gran energía
se mueve y conmueve en mi vecindad.

Yo creo en las noches.


Rainer María Rilke.

lunes, 19 de mayo de 2008

Obertura

Comienzo este blog como pudiera haber abierto una sonata. No es que trate de música, ni mucho menos. Al menos principalmente. Pero realmente me pareció que una obertura de palabras representa el carácter multidisciplinar que sí posee. Aunque seguramente multidisciplinar es una palabra muy técnica, casi como si fuera algo serio. Tal vez funcionarán mejor ecléctico, o bohemio. Porque eso es lo que este pequeño espacio del universo virtual va a ser, una manifestación de mi atípica existencia.

No es que de entrada mi vida sea particularmente extraña. Familia normal, amigos, universidad, etc... Lo es de fondo. Para empezar, estudio Filosofía. Eso ya de por sí suele ser bastante para ganarse el tan vapuleado adjetivo de fricky. En realidad es Filosofía con Comunicación Audiovisual, pero la Comunicación Audiovisual es un "por si acaso". Respecto a lo de fricky, encajo bastante con el perfil, voraz lectora y dibujante de cómic (otaku), algo heavy, bastante gótica, y en general poco convencional. Pero eso no es lo que más me caracteriza. Si preguntan, yo soy bailarina y escritora. Al menos estoy haciendo la carrera profesional de Ballet Clásico, y me gusta escribir prosa poética, e intentarlo con la poesía. Aunque cualquier manifestación artística sencillamente me extasía y me llama. La música, la pintura... Dos facetas son las que trato de compaginar, pues, para sobrevivir intelectual y emocionalmente. La filosófica y la artística. Y son ésas las que estarán aquí presentes. Éste será un blog de reflexiones filosóficas, y relatos literarios. O relatos filosóficos y reflexiones literarias, nunca se sabe. En cualquier caso será variado, cualquier cosa sobre la que meditar, poetizar o debatir, algunos ensayos reducidos, citas destacables, comentarios varios. Se aceptan sugerencias de temas interesantes.

Quisiera terminar haciendo una pequeña defensa de todo ello. Se ha dicho, con razón, que el filósofo es el que sabe asombrarse. Ve lo que todos los demás ven y piensa lo que nadie más piensa. ¿No puede esta definición aplicarse también al artista? ¿No ve acaso el mismo mundo que todos y ve más, lo interpreta a su manera? ¿No reflexiona sobre el ser humano y la realidad en cada una de sus creaciones? Lo que en el filósofo es elevación intelectual, en el artista es la sublime búsqueda de la belleza. Ambos tienden en definitiva al Bien, la Belleza, la Verdad, Dios. Para todos, sin nombre propio. -Y al mismo tiempo, para unos pocos, por desgracia, los que tengan la paciencia o la sensibilidad.- Por eso, Arte y Filosofía son compatibles, aunque a algunos les parezca lo contrario. Son, en definitiva, un modo de mirar. Y eso es este rinconcito. Mi particular, y al mismo tiempo universal por ser humano,

Modo de mirar el mundo.