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viernes, 17 de julio de 2009

Haiku IV




Siento haberte olvidado
y por no sufrir

es que lo siento tanto.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Haiku III






Por una mariposa,
corrí hasta olvidar
cuánto quería volver.




lunes, 16 de marzo de 2009

Haiku II


Y tanto
te quiero que

sólo te digo

lo poco que te quiero.

sábado, 31 de enero de 2009

Haiku I





Aquí está, obnubila,

envolviéndome,

Amado, tu presencia.

viernes, 16 de enero de 2009

En el bosque


Estaba segura de haber tomado el camino correcto. Sólo que el sendero se había vuelto contra ella. Miró entre las copas de los árboles tratando de descubrir la luna brumosa y azulada. La única luz con la que contaba. Pasara lo que pasara, encontraría al ser que se había escondido entre las sombras, tratando de que ella no descubriera su horrible apariencia nocturna. No le permitiría destruirse a sí mismo. A Elaine no le gustaba que decidieran por ella.

Y, sobre todo, le daba rabia que no hubiera comprendido que, a pesar de su terrible aspecto, o precisamente por ello, nunca le había amado tanto como cuando se adentró en el incierto y salvaje bosque tras él.

domingo, 30 de noviembre de 2008

Retazo



Él le prometió que volvería. Le aseguró que estaría de vuelta tan pronto como pudiera, le suplicó paciencia. Pero le dijo también que comprendería si no le esperaba.

Ella decidió rasgar su corazón y mantenerlo así, un pedazo en cada mano, para cerciorarse de que nadie pudiera robarlo hasta que Él regresara.

viernes, 17 de octubre de 2008

El artista reconoce al artista.

Escribo esto en respuesta a una entrada de blog que me llamó mucho la atención, incluida la conversación que se fraguó después de él. Por ello, espero que leáis este texto después de haber entrado en el link.

¿Necesita el escritor vivir en la tragedia? Mejor dicho, como se puntualizó después, ¿el artista? (Pintores, poetas, añado, bailarinas, músicos...) Todos ellos expresan lo mismo de distintas maneras, pero podemos englobarlos a todos continuando con el ejemplo del escritor. Se dijo que aman la tragedia porque les da algo sobre lo que escribir (pintar, versar, bailar, componer, interpretar), en definitiva, algo que expresar, que transmitir.

Las respuestas, los han relacionado con los emo (a diferencia de una tribu urbana, esto es tan viejo como el mundo), han animado a vivir la realidad y sacar lo mejor de ella, han hablado de la felicidad, de esas cosas maravillosas, sobre las que escribir, han hablado de tantas cosas escritas por muy distintas personas, sin tragedia. Han hablado de lo que el dolor puede sacar, y de la paz que se puede encontrar, como animando a la autora a no caer en su propia tragedia, como si, al argumentar su propio pensamiento, también la animaran a buscar su propio equilibrio, dando la razón en un “hay algunos, pero busquemos la chispa de la vida”... como sí “fuese una opción”. ¿Ser artista es una opción?

Para bien o para mal, me considero una de esas personas que viven arte. Soy bailarina y escritora, pero también dibujante, coreógrafa, pintora, compositora, lo que se me ponga por delante. Artista y punto. No he dicho que sea buena. Sólo que no puedo vivir sin ello. La autora del texto original hizo una importante distinción (que se puede aplicar a todos los campos del arte) entre una persona que escribe bien, y un escritor (aparte quedan los escritores académicos). Es quien lo necesita más que el amor, como su propia supervivencia.

Y aquí he de contestar por fin. No es la tragedia en sí misma lo que busca el artista. Hay que tratar de ser feliz, y buscar, ya lo han dicho, la chispa en todo. Me consideran una persona positiva y, no me tiro flores, es cierto. Pero el artista, el de verdad, sin buscarlo, vivirá en la tragedia. No necesariamente será infeliz, o con una vida desequilibrada. Pero le será muy fácil, porque en ella busca parte de esa felicidad inalcanzable, al menos en esta vida.

¿Qué les ocurre a los artistas? Han cometido el craso error de iniciar la senda de la búsqueda de la Belleza. (Son como los filósofos con la Verdad, pero con otra sensibidad.) Tomo una cita: Así, sólo disfrutan del dulce regusto de la tragedia deseada. Del amor avocado al fracaso. El amor al arte que nunca será consumado y nunca será bastante. (...)Los ARTISTAS aman a su arte por encima de todo y de todos, y eso es algo que les provoca el cierto sufrimiento de la incomprensión. Aman algo tan sublime como lejano, inalcanzable. Y su felicidad está en buscarlo, como un amante despechado. Su camino está condenado a la frustración, y al mismo tiempo es el que más los satisface, el único que les llena. Tanto, que duele. Aunque sea sólo contemplativo, más si es creativo. Como el Amor.

Por ello, incluso escribir sobre la felicidad implica angustia, porque es algo enorme que no se puede abarcar con tus pobres palabras, pero no puedes dejar de intentarlo, de buscar la completa unión. Si al escribir, sea sobre la tragedia o sobre la felicidad, no te duele el pecho, será una persona que escribe, pero o un artista. Pero esa angustia es menor que la del vacío, cuando, por una razón o por otra no has podido pararte a escribir, cantar, bailar, dibujar..., o contemplar. Su ausencia es tan terrible como esa enfermedad que llaman depresión. Sólo que tiene fácil cura. O una media cura, por que cambias sufrimiento por el dulce regusto de la tragedia deseada. El sufrimiento vital, inspira, la felicidad, cuando pasa la euforia, también. Pero la vida siempre tiene ambas juntas, un amplio matiz de grises, y el artista nunca podrá concentrarse en un solo color.

Nunca será feliz del todo, incluso aunque se acerque lo más posible a eso que en filosofía llaman vida lograda. En realidad nadie será completamente feliz. Sólo que el artista lo sabe mejor que nadie, porque lo siente profundamente... Por eso, tal vez más lejos de la realidad que el resto, en su tragedia..., está más cercano a la vida en todos sus matices, y es más feliz que nadie con su don, o su maldición.
Para Eterna-Kyo-Actriz-Bailaora-Escritora-...
De The_Jolly_Joker-Tooru-Bailarina-Actriz-Escritora-...

miércoles, 21 de mayo de 2008

Una sonrisa sincera

A veces los más diminutos detalles de lo que ocurre a tu alrededor son más significativos que la mejor novela. Muchas personas viven en el más gris anonimato sin saber ellas mismas que sus vidas son un auténtico ejemplo o una tierna historia. Para encontrarlos, sólo hay que saber mirar a tu alrededor, por la calle, en el autobús... Y de repente aparecen. Y tal cual desaparecen. Y vuelven a su anonimato. Y seguramente nunca sabrán que tú fuiste el testigo indiscreto de un retazo de su vida. Y con toda probabilidad, no crean siquiera que sea digna de ser observada, tanto menos que escriban sobre ellos. Pero voy a hacerlo. Porque hoy me crucé con uno de ellos.

Estaba esperando en la parada de autobús. Delante de mí paró uno de esos que no son públicos, sino llevan gente de colegios, asociaciones, etc. Me asomé, y vi varias personas con distintas deficiencias físicas y psíquicas. Debía ser de algún centro especial. Un hombre mayor se acercó a la puerta abierta. Ya antes de verla, oí la voz estridente de la chica que bajaba, aunque no entendí lo que decía. El señor le dio la mano para ayudarla a bajar. Era una chica joven, muy bajita, con la espalda retorcida y abultada, y los rasgos faciales grandes y muy marcados. Pero no fue eso lo que me impresionó. Fue la sonrisa de su padre (o abuelo, o acompañante X) al recibirla, el cariño con el que le arregló la chaqueta, la atención con que escuchaba las novedades del día que ella le contaba asombrada. Pensé en las muchas personas que ahora dicen que, para que un niño salga mal y sea una carga, es mejor no tenerlo, se excusan diciendo que sufrirá. En otras muchas que lo aceptan con reticencias, como algo contra lo que no pueden hacer nada. Por un momento (qué mala persona), busqué en la cara del hombre algún atisbo de resignación, de disimulo. En absoluto. Su sonrisa era sincera. En ese pequeño cuadro vi mucha más felicidad que en tantos otros más... fáciles? Se tenían y se cuidaban el uno al otro, cada uno a su manera. Fueron apenas unos segundos. En seguida se alejaron. Y me quedé esperando, pensando, aprendiendo...