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lunes, 26 de abril de 2010

Haiku VI



La primavera

está, flota en el aire,

todo pelusa.

viernes, 17 de julio de 2009

Haiku IV




Siento haberte olvidado
y por no sufrir

es que lo siento tanto.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Haiku III






Por una mariposa,
corrí hasta olvidar
cuánto quería volver.




lunes, 16 de marzo de 2009

Haiku II


Y tanto
te quiero que

sólo te digo

lo poco que te quiero.

sábado, 31 de enero de 2009

Haiku I





Aquí está, obnubila,

envolviéndome,

Amado, tu presencia.

sábado, 7 de junio de 2008

Esferas

El proyecto de un grupo de música siempre me ha llamado la atención. Realmente me extasía escuchar música, y entonces siento un enorme impulso de componer la mía propia, de escribir y cantar. Un triste detalle es que generalmente oyes muchos estilos de música, pero sólo puedes interpretar uno si quieres tener cierta coherencia comercial. ¡Qué rabia depender de eso! Pero si hiciera mi propio grupo, tal vez soy demasiado idealista, no sabría, o no querría ceñirme a ello. Haría exactamente la música que me gustaría escuchar, y aunque no fuera fácilmente clasificable, tendría una coherencia propia. Desgraciadamente, este proyecto, por diversas circunstancias, nunca ha salido adelante. Es una dolorosa falta, pero ya ahora estoy estudiando, bailando, escribiendo y dibujando. Por el momento, no da la vida.

Pero en definitiva, es todo lo mismo. Para un alma sensible, hiere lo mismo una bella canción que un hermoso relato. Y se inflama igual el deseo de crear ante una estatua que ante un ballet. ¿Por qué al artista le inspira el arte mismo, por qué no se conforma con la contemplación? ¿Por qué sobre un cuadro escribe un poema, y sobre un poema una canción? Al final el campo es lo de menos, el arte es arte, y punto. Por eso puedo hacer extensible lo que dije antes: “hacer la música que te gustaría escuchar”.

Es lo que hago en otros estilos. Escribo lo que me gustaría leer, dibujo lo que me gustaría mirar, bailo lo que me gustaría transmitir (con la danza es un poco distinto, porque pocas coreografías son propias por ahora, soy más bien una intérprete). Y bajo esa premisa nace cada vez algo diferente. Por eso los relatos y los dibujos son obras completas, redondas, susceptibles de ser perfeccionadas, por supuesto, pero sólo hasta cierto punto, en la medida en la que se parezcan a sí mismas, a su mensaje original. Al escribir lo que me gustaría leer, el ejemplo más fácil y notorio, al ir añadiendo una palabra, una expresión... se hace sólo, como si yo sólo fuera una intermediaria para añadir algo al mundo, que estaba incompleto sin él. Sin ese relato concreto, sin esa única combinación de pensamientos y sentimientos. Y la próxima vez será completamente distinto, y sólo podré controlarlo un poco, porque si cambiara una sola palabra arbitrariamente, de las que fluyen por sí mismas, perdería su armonía por completo. Otra cosa, repito, es pulirla porque en ocasiones al plasmarlo pierde parecido consigo mismo.

Sé que todo esto suena un poco raro, como si las obras de arte estuvieran esperando en alguna parte a ser traídas al mundo. No es así. Pero el mundo está incompleto, a nuestros ojos, de un modo concreto, cada vez que nos sentamos ante el papel, la partitura... Y lo único que hacemos es responder a esa necesidad imperiosa que nos invade detalle a detalle, como puliendo una esfera. Y cuando la terminamos, el mundo ha cambiado, nosotros también, haremos cosas antes de volver a sentarnos, evolucionaremos... y empezaremos otra esfera nueva. Y cada vez el mundo será más hermoso, pero nunca lo suficiente. Y cada una de esas esferas, será como un niño pequeño, que hay que mimar, cuidar, amar, hasta que alcance su madurez, y después, para que no lo hieran, no lo manchen.

Nunca terminamos una obra, salvo en el preciso momento en el que se nos hizo presente, antes de empezarla. Y no me refiero a modificarla –ojalá no sea necesario, fuera de las correcciones básicas–. Si no a quererla, difundirla, pensarla, entenderla más profundamente, explicarla. Porque adquieren, al nacer, una extraña inefabilidad, incluso para el propio autor, precisamente porque todo lo que se podía decir está ahí mismo. Y están ahí para siempre, vivas sólo cuando se les atiende, y a quien más anhelan, a quien siempre esperarán, es a su propio autor, el único que conoce su sentido completo. Porque escribió lo que querría leer, qué menos que leerlo luego. Aunque en ocasiones sea difícil, terrible incluso, para su pudor. Para los demás será siempre un eterno enigma del que sacar algo nuevo, para el autor, un amor que nunca dejará de inspirarle más. Que puede convertirse en odio, por supuesto. Y muchas veces lo hace. Pero nunca es indiferencia. Por eso, cuando un artista muere, nos deja una antología de misterios. Un poquito tristes ante los varios intérpretes, pero tal vez por eso más maravillosos.




[1]La imagen es de la portada del disco Nigthfall in Middle Earth, de Blind Guardian.

martes, 27 de mayo de 2008

Soledad

La soledad es una situación extraña, en ocasiones desesperadamente deseable y en otras tan perniciosa como un veneno. Sin embargo, tal vez esté tan minusvalorada en algunos casos como exaltada en otros. De qué modo esa soledad puede tanto alienarnos de la humanidad como hacérnosla encontrar en nuestro interior, depende de cada uno y su manera de atender a su alrededor, para luego saber escuchar el silencio.

Me llamó mucho la atención el énfasis que el autor[1] pone en el trabajo en comunidad, en que no es posible la creatividad en soledad. Me sorprendió tanto más en cuanto que, tal y como lo dijo, resultaba provocativamente evidente. Por que curiosamente mi idea era, o es, más bien al contrario. Por mi, he de reconocerlo, breve experiencia vital, los momentos en los que la mente se enciende son cuando, bien recogida en la oscuridad y la soledad, se retrae sobre su propia fuente de recursos interiores y comienza a generar de forma inevitable, de pura excedencia. En estas situaciones el silencio sólo puede ser roto, y a veces, por música muy concreta, no puesta bajito para relajar, sino alta por su propia cualidad inspiradora, aunque no negaré que haya podido caer a veces en la primera y horrible tentación.

Ya sea la producción literaria, en la que ese excedente es de sensibilidad copada de imágenes, como en la filosófica, en la que es necesario antes provocar esa sobrecarga de ideas a partir de las fuentes, esto es, lo que pensaron antes de nosotros, y la propia realidad, de la que lo más rico son con diferencia las personas. Pero necesariamente en soledad. Es más, muchas veces al tratar de escribir en equipo es más fácil acabar haciendo cada uno su parte que acometer la difícil tarea de coordinación que supone tratar de componer un trabajo cualquiera coralmente, donde es sencillo retrasarse mutuamente. 

Pero tal vez sea todo esto una confusión de conceptos. El autor de libro distingue entre soledad y espacio de aislamiento. Si le he entendido bien, la primera es aquella que llama estéril, el vacío de escribir de y para sí mismo. El segundo, el lugar, o más bien la situación, propicia para la concentración. En ese sentido, está en lo cierto, y ambos modos de pensar no son incompatibles. Podríamos identificar su segunda noción con la que yo he expuesto primeramente como soledad, con todas sus posibles variantes personales o interpretativas, y no con la distinta concepción que de ese término él da. Esto sería una solución rápida pero no completa. Por que realmente lo que considero soledad es un punto intermedio entre ambos. 

Es cierto que la labor creativa exige una no-soledad que le da la razón al autor del libro. Es necesaria una comunicación con el exterior de uno mismo, primeramente, para poder llenar el abastecimiento desde donde componer, y después, para que lo que se ha creado tenga un sentido. Por que escribir un libro que nunca ha de ser leído es como gastar la vida en dibujar miles de volutas en folios y folios, hasta la locura, cuando los blancos cabellos del calígrafo ya no le permitan volver atrás. La falta de referencia a la realidad y a los demás, el aislamiento, en ocasiones imperceptible por que tiene su origen en las mentes, es capaz hacer perder al hombre su nativa humanidad. 

Pero también he de defender una cierta soledad, que todos necesitamos a veces por sí misma, unos con más frecuencia que otros, para vaciar nuestro trastero intelectual y psicológico. Siendo cierto que la carrera filosófica, en la actualidad, es publicar, lógica consecuencia de la profesionalidad, también lo es que aquello no es requisito indispensable del pensamiento. Ya que esa comunicación de la que hemos hablado con anterioridad puede ser meramente teórica. Es factible haber leído y escuchado antes, y escribir para una posteridad en abstracto que no tiene ni siquiera por qué esperarse ver. Escribir para uno mismo es la más pura expresión de hacerlo, en realidad, por la propia escritura, sin ninguna clase de intencionalidad o presión externa. Que después ese texto, por su propia naturaleza, saldrá a la luz, es algo tan real e importante cuando lo haga como secundario en su proceso de redacción. En estos caos, la soledad real, que no el absoluto asilamiento social, que por otra parte, es imposible en el ser humano no alienado, es necesaria para la genuina originalidad del académico, que después de haber observado atentamente el mundo exterior debe explorar el interior, precisamente, para que lo que escriba sea universal a todos los espíritus. 

Naturalmente, todo esto depende de la naturaleza de lo que estemos escribiendo. Pero si en algo es rica la vida es en como cada uno se reinventa a sí mismo al componer, una y otra vez. La soledad puede ser, entonces, la más amable situación tanto para el filósofo como para el poeta.


[1] El libro es "El taller de la filosofía" de Jaime Nubiola. Ediciones Astrolabio. EUNSA.

martes, 20 de mayo de 2008

La Noche

Hay quien considera que la noche es motivo de temor, la oscuridad lo negativo. Sin embargo, este maravilloso poema de Rilke muestra lo que yo pienso, o siento, al respecto. Encontrarlo fue como observar mi alma en las páginas de un libro. La noche... es el refugio, la hermosa oscuridad llena de sombras melancólicas y musas etéreas. La noche... donde el silencio canta.


Tú, oscuridad, de la que vengo,
te amo más que a la llama,
que al mundo fija límites
mientras tú esplendes
para un cierto círculo
fuera del que no hay ser que de ti no sepa.

Pero la oscuridad todo en sí alberga:
formas, llamas, animales y a mí,
tal y como quiera que los abrace,
a hombres y potestades.-

Y puede ser: una gran energía
se mueve y conmueve en mi vecindad.

Yo creo en las noches.


Rainer María Rilke.

lunes, 19 de mayo de 2008

Obertura

Comienzo este blog como pudiera haber abierto una sonata. No es que trate de música, ni mucho menos. Al menos principalmente. Pero realmente me pareció que una obertura de palabras representa el carácter multidisciplinar que sí posee. Aunque seguramente multidisciplinar es una palabra muy técnica, casi como si fuera algo serio. Tal vez funcionarán mejor ecléctico, o bohemio. Porque eso es lo que este pequeño espacio del universo virtual va a ser, una manifestación de mi atípica existencia.

No es que de entrada mi vida sea particularmente extraña. Familia normal, amigos, universidad, etc... Lo es de fondo. Para empezar, estudio Filosofía. Eso ya de por sí suele ser bastante para ganarse el tan vapuleado adjetivo de fricky. En realidad es Filosofía con Comunicación Audiovisual, pero la Comunicación Audiovisual es un "por si acaso". Respecto a lo de fricky, encajo bastante con el perfil, voraz lectora y dibujante de cómic (otaku), algo heavy, bastante gótica, y en general poco convencional. Pero eso no es lo que más me caracteriza. Si preguntan, yo soy bailarina y escritora. Al menos estoy haciendo la carrera profesional de Ballet Clásico, y me gusta escribir prosa poética, e intentarlo con la poesía. Aunque cualquier manifestación artística sencillamente me extasía y me llama. La música, la pintura... Dos facetas son las que trato de compaginar, pues, para sobrevivir intelectual y emocionalmente. La filosófica y la artística. Y son ésas las que estarán aquí presentes. Éste será un blog de reflexiones filosóficas, y relatos literarios. O relatos filosóficos y reflexiones literarias, nunca se sabe. En cualquier caso será variado, cualquier cosa sobre la que meditar, poetizar o debatir, algunos ensayos reducidos, citas destacables, comentarios varios. Se aceptan sugerencias de temas interesantes.

Quisiera terminar haciendo una pequeña defensa de todo ello. Se ha dicho, con razón, que el filósofo es el que sabe asombrarse. Ve lo que todos los demás ven y piensa lo que nadie más piensa. ¿No puede esta definición aplicarse también al artista? ¿No ve acaso el mismo mundo que todos y ve más, lo interpreta a su manera? ¿No reflexiona sobre el ser humano y la realidad en cada una de sus creaciones? Lo que en el filósofo es elevación intelectual, en el artista es la sublime búsqueda de la belleza. Ambos tienden en definitiva al Bien, la Belleza, la Verdad, Dios. Para todos, sin nombre propio. -Y al mismo tiempo, para unos pocos, por desgracia, los que tengan la paciencia o la sensibilidad.- Por eso, Arte y Filosofía son compatibles, aunque a algunos les parezca lo contrario. Son, en definitiva, un modo de mirar. Y eso es este rinconcito. Mi particular, y al mismo tiempo universal por ser humano,

Modo de mirar el mundo.