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martes, 27 de mayo de 2008

Soledad

La soledad es una situación extraña, en ocasiones desesperadamente deseable y en otras tan perniciosa como un veneno. Sin embargo, tal vez esté tan minusvalorada en algunos casos como exaltada en otros. De qué modo esa soledad puede tanto alienarnos de la humanidad como hacérnosla encontrar en nuestro interior, depende de cada uno y su manera de atender a su alrededor, para luego saber escuchar el silencio.

Me llamó mucho la atención el énfasis que el autor[1] pone en el trabajo en comunidad, en que no es posible la creatividad en soledad. Me sorprendió tanto más en cuanto que, tal y como lo dijo, resultaba provocadoramente evidente. Por que curiosamente mi idea era, o es, más bien al contrario. Por mi, he de reconocerlo, breve experiencia vital, los momentos en los que la mente se enciende son cuando, bien recogida en la oscuridad y la soledad, se retrae sobre su propia fuente de recursos interiores y comienza a generar de forma inevitable, de pura excedencia. En estas situaciones el silencio sólo puede ser roto, y a veces, por música muy concreta, no puesta bajito para relajar, sino alta por su propia cualidad inspiradora, aunque no negaré que haya podido caer a veces en la primera y horrible tentación.

Ya sea la producción literaria, en la que ese excedente es de sensibilidad copada de imágenes, como en la filosófica, en la que es necesario antes provocar esa sobrecarga de ideas a partir de las fuentes, esto es, lo que pensaron antes de nosotros, y la propia realidad, de la que lo más rico son con diferencia las personas. Pero necesariamente en soledad. Es más, muchas veces al tratar de escribir en equipo es más fácil acabar haciendo cada uno su parte que acometer la difícil tarea de coordinación que supone tratar de componer un trabajo cualquiera coralmente, donde es sencillo retrasarse mutuamente.

Pero tal vez sea todo esto una confusión de conceptos. El autor de libro distingue entre soledad y espacio de aislamiento. Si le he entendido bien, la primera es aquella que llama estéril, el vacío de escribir de y para sí mismo. El segundo, el lugar, o más bien la situación, propicia para la concentración. En ese sentido, está en lo cierto, y ambos modos de pensar no son incompatibles. Podríamos identificar su segunda noción con la que yo he expuesto primeramente como soledad, con todas sus posibles variantes personales o interpretativas, y no con la distinta concepción que de ese término él da. Esto sería una solución rápida pero no completa. Por que realmente lo que considero soledad es un punto intermedio entre ambos.

Es cierto que la labor creativa exige una no-soledad que le da la razón al autor del libro. Es necesaria una comunicación con el exterior de uno mismo, primeramente, para poder llenar el abastecimiento desde donde componer, y después, para que lo que se ha creado tenga un sentido. Por que escribir un libro que nunca ha de ser leído es como gastar la vida en dibujar miles de volutas en folios y folios, hasta la locura, cuando los blancos cabellos del calígrafo ya no le permitan volver atrás. La falta de referencia a la realidad y a los demás, el aislamiento, en ocasiones imperceptible por que tiene su origen en las mentes, es capaz hacer perder al hombre su nativa humanidad.

Pero también he de defender una cierta soledad, que todos necesitamos a veces por sí misma, unos con más frecuencia que otros, para vaciar nuestro trastero intelectual y psicológico. Siendo cierto que la carrera filosófica, en la actualidad, es publicar, lógica consecuencia de la profesionalidad, también lo es que aquello no es requisito indispensable del pensamiento. Ya que esa comunicación de la que hemos hablado con anterioridad puede ser meramente teórica. Es factible haber leído y escuchado antes, y escribir para una posteridad en abstracto que no tiene ni siquiera por qué esperarse ver. Escribir para uno mismo es la más pura expresión de hacerlo, en realidad, por la propia escritura, sin ninguna clase de intencionalidad o presión externa. Que después ese texto, por su propia naturaleza, saldrá a la luz, es algo tan real e importante cuando lo haga como secundario en su proceso de redacción. En estos caos, la soledad real, que no el absoluto asilamiento social, que por otra parte, es imposible en el ser humano no alienado, es necesaria para la genuina originalidad del académico, que después de haber observado atentamente el mundo exterior debe explorar el interior, precisamente, para que lo que escriba sea universal a todos los espíritus.

Naturalmente, todo esto depende de la naturaleza de lo que estemos escribiendo. Pero si en algo es rica la vida es en como cada uno se reinventa a sí mismo al componer, una y otra vez. La soledad puede ser, entonces, la más amable situación tanto para el filósofo como para el poeta.

[1] El libro es "El taller de la filosofía" de Jaime Nubiola. Ediciones Astrolabio. EUNSA.


sábado, 24 de mayo de 2008

At Darlington Hall

Sobre las entradas, Filosofear, Enanos con mal genio, En la mediocridad del vestíbulo y De vida o muerte, de Philip Muller.


Para empezar, me encantan tus entradas. Escribes genial, y no solo es el cómo escribas, sino qué escribes. Se nota que te planteas las cosas, que no las das por sentado. Pero hay algunos puntos sobre los que me gustaría abrir un pequeño debate y, como los comentarios no están para extenderse demasiado (originalmente esto iba a ser un comentario), y me parece que puede ser interesante para todo el que lo quiera leer, te dedico una entrada en mi blog. Escribo en segunda persona por que me resulta más sencillo en este caso, para no perder la referencia pero, repito, es para todo el que lo quiera leer. Haciendo click sobre la imagen se va a los originales.

Estoy de acuerdo a grandes rasgos con Filosofear, Enanos..., En la mediocridad..., y De Vida... Léanse. Pero en todos ellos hay como un pensamiento de fondo, una idea que me llama la atención. Sobre todo esta muy marcada en Filosofear y En la mediocridad... Por eso los comento juntos.

Por un lado hay como una especie de realismo, de autocrítica insalvable, que se puede resumir en "sólo soy un alumno de primero", y parece no tener solución, salvo esperar al título universitario, a ser un Rimbaud, a llegar a tener un día delicioso, a descubrir por qué la vida es valiosa. Algo así como deseos imposibles.

Y sin embargo también dejas mostrar como que hay personas que logran ese imposible, o que podrían estar haciéndolo sin que tú participes.

No creo que las cosas sean así. Mejor dicho, lo son hasta cierto punto. Hasta en el momento en el que se te "va la autoestima" por decirlo de algún modo. La mediocridad no es un mal insuperable, es común, sí, nunca será suficientemente eliminada en uno mismo, eso también, pero se puede avanzar. Y la carrera de filosofía no es para tener un título, es para aplicarla a tu vida. Y si te dicen que lo pareces, créetelo, igual es lo único que te falta para empezar a serlo. No es necesario estudiar filosofía para ser filósofo, no tiene que ver con la edad. Dices, se ha dicho, yo misma lo tengo en una de mis imágenes laterales, que el filósofo es el que tiene capacidad de asombro. Pero nunca lo lograrás si esperas al amanecer perfecto, por que no llegará. A asombrarse por todo se aprende, como a todo. Y se aprende mirando. Mirando hasta que te das cuenta de lo extraordinario que es eso que has visto. Sólo es necesario planteártelo, ver eso como lo vería un niño. No es algo que tienen algunos, sino una actitud que se adopta. Y cualquiera puede hacerlo.

En cuanto al derecho a criticar, te han comentado que "To have a right to do a thing is not at all the same as to be right in doing it". Es cierto. Pero creo que el asunto está mal enfocado. Eso puede aplicarse a los adolescentes, sí, pero este no es el caso. Y si lo es, es problema del sujeto en cuestión. Cómo te consideres a ti mismo, no lo sé, pero te diré una cosa. Ante una crítica a la sociedad, (con esto no quiero legitimar el raje en general), la pregunta no es qué derecho tiene el que la formula, sino si está bien fundada. Es más, no es un derecho, sino un deber. La sociedad no es un mundo ideal, pero el conformismo es la clave de su éxito. No sirve de nada dedicarse a cambiar el mundo en una sala de estar, pero quienes son conscientes de sus errores (y aciertos), están en la obligación de denunciarlos, para que la sociedad evolucione. Ésta lo ha hecho gracias a núcleos pensantes. Y no hay edad límite, sólo pensamientos válidos o no. No puedes esperar a que los apuntes te hagan pensar, sólo sirven de material de base (que es mucho), pero lo que desarrolles es sólo tuyo. ¿No tienes la inquietud de aportar? Por que habiendo leído tus ensayos, creo que tienes el potencial de hacerlo. De hecho espero que lo hagas. Y si llegas a licenciarte sin haberte asombrado por nada, da igual el título, da igual, no serás un filósofo. Aunque seamos muy pocas las personas que lo dudemos.

Pero no será necesario, por que sin darte cuenta lo eres. Sin darte cuenta, criticas a los que critican, los estudiantes, a ti mismo, a las personas prepotentes, a la mediocridad. Tenemos mucho que aprender, sí, pero no podemos esperar a terminar de asimilarlo todo para hacer algo, (aunque sólo sea en el ámbito de una clase universitaria), por que ese momento nunca llegará. Tenemos que ser humildes para ser sabios, sí, por que si no no avanzaremos ni estaremos en la verdad, pero en cada momento tenemos que arreglárnoslas con lo que tenemos.

Por que la sociedad es responsabilidad de la universidades. Y de aquellos que, no estando en una, posean ese espíritu. Lo que hagamos será mucho o poco. Tal vez no veamos los resultados. Pero nunca será indiferente. Rimbaud no sabía que lo era. Y hay que intentarlo, no vaya a ser. Tal vez sólo trascienda una frase tuya a la historia. Pero no sabes cual va a ser. Ni cuando la dirás. Así que cuidado con cada una que escribas. Pero la peor tragedia sería que nunca llegaras a formularla.

Y lo mismo ocurre a nivel personal. Que los días sean buenos o deliciosos no es algo vetado a unas pocas personas maravillosas. El valor de la vida, no es algo que demostrado teóricamente pueda darse a la gente como argumento irrefutable de su felicidad. El que la gente se suicide (una tragedia, no es que quisiera que pasase una sola vez más), es lo que demuestra que la felicidad es posible. Por que si existiera un argumento capaz de dar valor a la vida, si el saber que cada día es especial o el amor nos viniera dado, no tendría ninguna gracia. No seríamos felices, seríamos autómatas. Y no tendría sentido escribir. Que tu vida sea una masa informe depende de ti, otra vez. Pasar del vestíbulo a la casa es un paso que se da en cada acción, nadie mora en la casa. Pero muchas personas habitan en el vestíbulo, es cierto. Donde hay que vivir es en el pasillo. El camino de la felicidad es ella misma, y sí, está reñido con la mediocridad.

En realidad, viendo lo que has escrito, tú sabes muy bien todo esto. Lo único que te falta es un poco de optimismo, no hacia la sociedad (eso no sería realista), sino hacia las capacidades del ser humano. De las cuales, de momento, sólo tienes acceso a las tuyas propias, y por ellas, hasta cierto punto a las de las personas de tu alrededor y quien sabe quién más. A por ello.

Bueno, no sé si entendí bien el fondo de tus ensayos. Si no lo hice y esto era innecesario para ti, lo siento, en cualquier caso el tema queda abierto para que lo lea cualquier persona a quien sí le haga falta. Ánimo y sigue f-i-l-o-s-o-f-a-n-d-o.

jueves, 22 de mayo de 2008

La escritura adecuada

A lo largo de la lectura del libro “El taller de la escritura”, me he dado cuenta de que debo ir cambiando en parte mi modo de enfocar la producción literaria. Antes, puede decirse que sólo clasificaba dos modos de escribir que valieran la pena. Primero, el expositivo-científico, como por ejemplo, un trabajo de investigación en biología, sobre la naturaleza genética de los virus o la subestructura de las partículas atómicas, eximidos de retóricas literarias o un sentimiento profundo de propiedad, ya que su interés reside en la difusión de información.

En segundo lugar, el artístico o más bien personal, que incluye, no sólo lo puramente lírico, sino todo lo que podemos considerar producción creativa, dígase artículos, ensayos, etc., mientras no se introdujeran demasiado en el campo del primero. Una característica importante de este segundo grupo es que, al menos en mi caso, por considerarlo tan personal, casi inspirado o dictado por una especie de subconsciente que antes se ha empapado, si es necesario, de la información que proceda, tal a sido mi modo de redactar hasta el momento, gozaba de una cierta inmutabilidad esencial, aunque pudiera corregirse hasta cierto punto. Como un artista con su obra acabada, de la que nunca estará satisfecho, pero ante la que las críticas las siente, incluso aunque la evidencia le lleve al agradecimiento sincero, como si se las hicieran a un hijo de su propia sangre. Por que en el fondo es lo que es.
Aparte estaban las publicaciones periodísticas sin demasiado interés, como noticias de periódico o reportajes, en los que simplemente se expone una información con visos de publicidad.

Sin embargo, ah
ora me encuentro con que en la facultad de comunicación me dan un terrible palo al escribir esos textos que consideraba “menores”. Y no haría notar la situación si no fuera algo generalizado entre compañeros de bien conocida pluma en nuestra particular microsociedad. La significativa bajada de calificaciones resulta alarmante. Y la nota al margen, al menos en mi caso, puede siempre resumirse en lo mismo “no te entiendo”. Después de, al principio, acordarme intensa y reiteradamente de las entendederas de la persona que escribiera eso, decidí buscar la raíz del problema. La solución llegó de improviso. Sencillamente, viendo a una de mis abuelas leer el periódico. Esta buena mujer, guarda con celo casi religioso las copias de mis escritos, y se deleita escuchándome en muchos temas. Pero no entiende un ápice. En el fondo, creo que precisamente por eso le hace tanta ilusión. Y lee el periódico.

Es pues, sumamente lógico que se censure una obra que, sin estar técnicamente mal, no sirva al fin a que está destinada, en este caso, una divulgación masiva. Y es que de ninguna manera se pregunta la persona que corrige los escritos de comunicación, qué pretendemos hacer con nuestro futuro, sino que si estamos en su asignatura, es para aprender lo que ella considera correcto y adecuado a ese respecto, aunque sea un corte por lo bajo. Un problema fácilmente solucionable, una cuestión de adaptación, luego no es necesario preocuparse más.

Sin embargo, sí me inquieta profundamente un género que antes consideraba en cierto modo, y sin querer simplificar, “natural”. Y es precisamente la escritura filosófica. La tenía, creo que mal clasificada, dentro del segundo grupo que he expuesto. Pero la evidencia apunta por otros derroteros. Las recomendaciones para escribir que se han ido exponiendo a lo largo del curso, de corrección, de reescritura, finalmente cuadran más con mi idea de composición científica. Pero por otra parte, no deja de ser notorio el que la aplicación del método científico a la filosofía sea bastante reciente. Y en el fondo soy consciente de que, con mi mente, deliberada y deleitadamente formada en la biología, la química y la matemática (materias que he de reconocer que en la actualidad echo de menos), a la hora de profundizar en un tema, de clasificar y archivar mentalmente la información que al respecto, casi más que recopilo, colecciono, tiendo a caer en un cierto cientificismo o al menos acusado racionalismo. Tratando de escapar a esa tentación voy al extremo contrario, y me encuentro jugueteando con las sugerencias y las metáforas, con una especie de idea romántica de la dialéctica, tal como lo haría un gatito con un ovillo.

Quizá deba pasar por encima de mis eruditos
ocho meses de formación universitaria y volver a lo básico. Recuperar esa frase, de tan cierta y por tanto manida, tan olvidada: “In medio virtus est”. Así, debo derribar primeramente todos mis esquemas, para poder atender la pregunta más interesante ahora, que se presenta con una urgencia imperativa. Ésta pregunta es: ¿Cuál es la identidad de creatividad y cientificidad, la naturaleza propia de la escritura filosófica? Un pequeño atisbo de la repuesta la ha dado ya el muy recurrente Aristóteles, pero el grueso queda todavía por resolver. Parece mentira que estudie filosofía... ¡Pero menos mal que no es ninguna otra cosa!

miércoles, 21 de mayo de 2008

Una sonrisa sincera

A veces los más diminutos detalles de lo que ocurre a tu alrededor son más significativos que la mejor novela. Muchas personas viven en el más gris anonimato sin saber ellas mismas que sus vidas son un auténtico ejemplo o una tierna historia. Para encontrarlos, sólo hay que saber mirar a tu alrededor, por la calle, en el autobús... Y de repente aparecen. Y tal cual desaparecen. Y vuelven a su anonimato. Y seguramente nunca sabrán que tú fuiste el testigo indiscreto de un retazo de su vida. Y con toda probabilidad, no crean siquiera que sea digna de ser observada, tanto menos que escriban sobre ellos. Pero voy a hacerlo. Porque hoy me crucé con uno de ellos.

Estaba esperando en la parada de autobús. Delante de mí paró uno de esos que no son públicos, sino llevan gente de colegios, asociaciones, etc. Me asomé, y vi varias personas con distintas deficiencias físicas y psíquicas. Debía ser de algún centro especial. Un hombre mayor se acercó a la puerta abierta. Ya antes de verla, oí la voz estridente de la chica que bajaba, aunque no entendí lo que decía. El señor le dio la mano para ayudarla a bajar. Era una chica joven, muy bajita, con la espalda retorcida y abultada, y los rasgos faciales grandes y muy marcados. Pero no fue eso lo que me impresionó. Fue la sonrisa de su padre (o abuelo, o acompañante X) al recibirla, el cariño con el que le arregló la chaqueta, la atención con que escuchaba las novedades del día que ella le contaba asombrada. Pensé en las muchas personas que ahora dicen que, para que un niño salga mal y sea una carga, es mejor no tenerlo, se excusan diciendo que sufrirá. En otras muchas que lo aceptan con reticencias, como algo contra lo que no pueden hacer nada. Por un momento (qué mala persona), busqué en la cara del hombre algún atisbo de resignación, de disimulo. En absoluto. Su sonrisa era sincera. En ese pequeño cuadro vi mucha más felicidad que en tantos otros más... fáciles? Se tenían y se cuidaban el uno al otro, cada uno a su manera. Fueron apenas unos segundos. En seguida se alejaron. Y me quedé esperando, pensando, aprendiendo...

martes, 20 de mayo de 2008

La Noche

Hay quien considera que la noche es motivo de temor, la oscuridad lo negativo. Sin embargo, este maravilloso poema de Rilke muestra lo que yo pienso, o siento, al respecto. Encontrarlo fue como observar mi alma en las páginas de un libro. La noche... es el refugio, la hermosa oscuridad llena de sombras melancólicas y musas etéreas. La noche... donde el silencio canta.


Tú, oscuridad, de la que vengo,
te amo más que a la llama,
que al mundo fija límites
mientras tú esplendes
para un cierto círculo
fuera del que no hay ser que de ti no sepa.

Pero la oscuridad todo en sí alberga:
formas, llamas, animales y a mí,
tal y como quiera que los abrace,
a hombres y potestades.-

Y puede ser: una gran energía
se mueve y conmueve en mi vecindad.

Yo creo en las noches.


Rainer María Rilke.

Alas


Aunque procuro terminar de leer el segundo capítulo de “El taller de la filosofía” me impaciento por dejarlo y empezar a escribir. El resto del texto me va sugiriendo nuevos detalles e ideas, pero si hiciera caso de todas las que burbujean en mi mente, no podría escribir algo lo suficientemente coherente.

Varias expresiones repiquetean por todos lados sin que consiga ordenarlas del todo. El autor ha hablado de reunir textos, citas, de la imaginación, de los sueños. Y me causa un cierto desasosiego. Nunca, reconozco, he llevado a cabo esa tarea compiladora de forma consciente. Pero sí lo he hecho sin darme cuenta, mentalmente, y de un modo bastante sistemático, a decir verdad. Tengo buena memoria, y en cierto modo archivo lo que me interesa. Claro que este sistema no es tan práctico como el de unas cuartillas, que tal vez asuma, porque no sólo me brinda lo que necesito en el momento en el que lo busco, sino que me bombardea indiscriminadamente y en cualquier situación con las más absurdas imágenes recurrentes. Cuestiones como el sonido que hace alguien que va a hablar y no lo hace, dejando en el ambiente como una especie de sordera aspirada mientras cierra inexpresivamente la boca, o qué ocurriría si una guillotina partiera una mesa por la mitad sin inmutar a las personas sentadas a sus extremos, resultan desde mi más tierna infancia muchísimo más absorbentes que la explicaciones de un profesor o una conversación insustancial.

Así, de este archivo memorístico pasamos al origen de la mayor parte de sus elementos, la imaginación. El autor trata de incentivarla, de ayudarnos a recorrerla y adentrarnos en nosotros mismos por su medio. En otros tiempos esa lectura me hubiera alegrado. Porque a lo largo de toda mi vida, lo único que he sentido verdaderamente mío, real y palpable, ha sido ese mundo interior que creaba con mi imaginación. En él cabían las personas que quería, por supuesto, pero también todos y cada uno de los estímulos externos, miles de libros, películas, cómics, que hacían de él un mundo siempre cambiante, impredecible, en expansión, donde aventuras y tragedias seguían sus propias reglas. Éste era y es el origen natural de todo lo que escribo, dibujo o ideo. Pero apenas he llegado a lo largo de mi vida a mostrar una ínfima parte de ese abanico de historias, lo que pensaba directamente para ser escrito, reservándome por completo ese lugar de juegos de infancia y sueños de juventud. Siempre he escrito lo que querría leer, y por eso considero mis textos como hijos que, en realidad, no me han tenido en cuenta a la hora de darse forma a sí mismos, y que salvo las primeras correcciones, en el fondo no tengo derecho a modificar, porque quieren decir exactamente lo que son.

Pero ahí queda todo ese excedente de fantasía que ha constituido mi hogar. Y ahora, con la llegada de la odiosa madurez, me doy cuenta de que no sé permanecer en la realidad, ni siquiera interpretar sus signos. De que para vivir por fin mi vida tengo que darme cuenta de cuál es, y sin embargo sigue pareciéndome extraña, lejana y fríamente irreal. De que para sacarme a mí misma adelante hay un punto en el que tengo que cortar y mirar hacia afuera, desechar lo que no me aporta más que infinitos minutos de mirada perdida en la oscuridad. Y es una horrible mutilación. Cada uno de los personajes con los que hablo en silencio son parte de mi familia y de mi historia, los paisajes y recorridos los conozco mejor que mi propia ciudad, no me basta para reconocerme el reflejo del espejo. Los proyectos de futuro que alguna vez hubiera ideado, objetivamente nunca fueron tales, y planteármelo ahora hace que el absoluto vacío, o la tediosa perspectiva a falta de una idea formada me asusten. Pero ahora no tengo tiempo para soñar, y el que empleo me lo quito de vivir, hay cosas importantes en las que ya ni siquiera sé fijar la atención. Una sola referencia a algo que una vez haya pensado me aparta irremediablemente de lo que de verdad me interesa. Y no sé qué hacer con ello. Si canalizarlo de algún modo imposible, éste lánguido dejarme vagar contra el que ya no sabe regir mi voluntad, o acallarlo como una vez todos los niños dejaron de jugar. Mientras a otros tienen que animarles a soñar, yo trato inútilmente de cortar mis propias alas, demasiado largas e incontrolables. Y no sé.

lunes, 19 de mayo de 2008

Obertura

Comienzo este blog como pudiera haber abierto una sonata. No es que trate de música, ni mucho menos. Al menos principalmente. Pero realmente me pareció que una obertura de palabras representa el carácter multidisciplinar que sí posee. Aunque seguramente multidisciplinar es una palabra muy técnica, casi como si fuera algo serio. Tal vez funcionarán mejor ecléctico, o bohemio. Porque eso es lo que este pequeño espacio del universo virtual va a ser, una manifestación de mi atípica existencia.
No es que de entrada mi vida sea particularmente extraña. Familia normal, amigos, universidad, etc... Lo es de fondo. Para empezar, estudio Filosofía. Eso ya de por sí suele ser bastante para ganarse el tan vapuleado adjetivo de fricky. En realidad es Filosofía con Comunicación Audiovisual, pero la Comunicación Audiovisual es un "por si acaso". Respecto a lo de fricky, encajo bastante con el perfil, voraz lectora y dibujante de cómic (otaku), algo heavy, bastante gótica, y en general poco convencional. Pero eso no es lo que más me caracteriza. Si preguntan, yo soy bailarina y escritora. Al menos estoy haciendo la carrera profesional de Ballet Clásico, y me gusta escribir prosa poética, e intentarlo con la poesía. Aunque cualquier manifestación artística sencillamente me extasía y me llama. La música, la pintura... Dos facetas son las que trato de compaginar, pues, para sobrevivir intelectual y emocionalmente. La filosófica y la artística. Y son ésas las que estarán aquí presentes. Éste será un blog de reflexiones filosóficas, y relatos literarios. O relatos filosóficos y reflexiones literarias, nunca se sabe. En cualquier caso será variado, cualquier cosa sobre la que meditar, poetizar o debatir, algunos ensayos reducidos, citas destacables, comentarios varios. Se aceptan sugerencias de temas interesantes.
Quisiera terminar haciendo una pequeña defensa de todo ello. Se ha dicho, con razón, que el filósofo es el que sabe asombrarse. Ve lo que todos los demás ven y piensa lo que nadie más piensa. ¿No puede esta definición aplicarse también al artista? ¿No ve acaso el mismo mundo que todos y ve más, lo interpreta a su manera? ¿No reflexiona sobre el ser humano y la realidad en cada una de sus creaciones? Lo que en el filósofo es elevación intelectual, en el artista es la sublime búsqueda de la belleza. Ambos tienden en definitiva al Bien, la Belleza, la Verdad, Dios. Para todos, sin nombre propio. -Y al mismo tiempo, para unos pocos, por desgracia, los que tengan la paciencia o la sensibilidad.- Por eso, Arte y Filosofía son compatibles, aunque a algunos les parezca lo contrario. Son, en definitiva, un modo de mirar. Y eso es este rinconcito. Mi particular, y al mismo tiempo universal por ser humano,
Modo de mirar el mundo.